byPor Gina Christian, OSV News
St. John Paul II greets Rabbi Elio Toaff in 1986 at Rome's main synagogue, believed to be the oldest Jewish community in the West. Their historic April 13, 1986, meeting marked the beginning of a new period in Catholic-Jewish relations. (CNS file photo/Arturo Mari, L'Osservatore Romano)
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FILADELFIA (OSV News) -- Expertos en relaciones judeo-católicas declararon a OSV News que algunos debates públicos que han tenido lugar este año sobre el sionismo --incluso entre católicos-- están en conflicto con el entendimiento católico del término; un término que, de por sí, posee una variedad de significados, al igual que la propia palabra "Israel".
Asimismo, señalaron que una amplia formación catequética sobre los judíos y el judaísmo para los católicos es hoy más necesaria que nunca.
A principios del año, enfrentamientos en los que se ha invocado a Israel y al sionismo han llevado a patriarcas de Tierra Santa y a líderes de la Iglesia a denunciar el sionismocristiano, calificándolo como una de las "ideologías perjudiciales" que, en última instancia, dañan la presencia y la unidad de los cristianos en esa región.
En febrero, una influyente conservadora en redes sociales Carrie Prejean Boller protagonizó un tenso intercambio con testigos judíos estadounidenses durante una audiencia de la Comisión de Libertad Religiosa de EE.UU. sobre el antisemitismo en el país. En dicha ocasión, afirmó --sin definir el término--: "Los católicos no abrazan el sionismo, para que lo sepan. Entonces, ¿acaso todos los católicos son antisemitas?".
El incidente derivó en su destitución de la comisión y su presidente, el vicegobernador de Texas, Dan Patrick, declaró en una publicación en la red social X que Prejean Boller había intentado "secuestrar" la audiencia para promover una "agenda personal y política", aunque Boller sostiene que Patrick carece de la autoridad para destituirla.
"'Sionismo' ha quedado vinculado, por un lado, a las lecturas religiosas de las Escrituras propias del 'sionismo cristiano' --realizadas sin tener en cuenta el contexto-- y, por otro, a la equiparación del sionismo con el colonialismo europeo posterior, como si los judíos no hubieran sido un pueblo indígena de esa tierra en los tiempos bíblicos", afirmó Philip Cunningham, profesor de teología y codirector del Instituto de Relaciones Judeo-Católicas de la Universidad de St. Joseph en Filadelfia, conocido como IJCR, por sus siglas en inglés.
"Ninguna de las dos (visiones) representa el pensamiento católico tal como se expresa en las declaraciones del Vaticano y en los pronunciamientos papales", subrayó.
En su declaración Nostra Aetate, publicada en 1965, el Concilio Vaticano II reafirmó el patrimonio espiritual compartido por cristianos y judíos, al tiempo que denunció los "odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos", y rechazó la visión que presenta a los judíos como "reprobados de Dios".
A medida que el diálogo judeo-católico ha avanzado de manera constante desde el Concilio --haciendo hincapié en la comprensión mutua y el respeto por ambas tradiciones de fe--, la Iglesia ha emitido varios documentos que explican con mayor plenitud la aplicación de la declaración Nostra Aetate.
En declaraciones a OSV News, el padre Russell McDougall, de la Congregación de la Santa Cruz y director ejecutivo del Secretariado de Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), citó dos documentos posconciliares claves: un conjunto de directrices emitidas en 1974 por la Comisión del Vaticano para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, y un conjunto de notas de 1985 sobre cómo presentar correctamente a los judíos y al judaísmo en la predicación y la catequesis católicas.
Citando el documento de 1985, el padre McDougall afirmó: La historia de Israel no terminó en el año 70 d.C., cuando Jerusalén cayó ante las fuerzas romanas, sino que continuó, especialmente en una numerosa diáspora que preservó tanto la fidelidad a Dios como la memoria de la tierra de sus antepasados.
Los cristianos están invitados a comprender este vínculo religioso que tiene sus raíces en la tradición bíblica, sin hacer suya, no obstante, ninguna interpretación religiosa particular de dicha relación, señaló el padre McDougall, citando nuevamente el documento.
Este también establece que la existencia del Estado de Israel y sus opciones políticas no deben contemplarse desde una perspectiva que sea, en sí misma, religiosa, sino en referencia a los principios comunes del derecho internacional.
Tal como ha dejado claro el diálogo judeo-católico, la sola palabra Israel implica, realmente, una serie de realidades, explicaron Cunningham y el codirector del IJCR, Adam Gregerman, profesor de teología en la Universidad de St. Joseph.
En hebreo, la palabra Israel puede significar algo así como luchar o forcejear con Dios, tal como ocurre en el relato de Jacob luchando con un ser espiritual en Génesis 32,22-32, indicó Cunningham.
Además, Israel constituye la principal autodenominación del pueblo judío, especialmente en los ámbitos bíblico y litúrgico, como sucede en las expresiones hebreas am Israel (el pueblo de Israel) o b'nai Israel (los hijos de Israel), añadió.
Eretz Israel se refiere a la patria del pueblo de Israel, mientras que medinat Israel se refiere al moderno Estado-nación de Israel, señaló Cunningham.
Simplemente hay que tener la precaución de dejar claro en qué sentido se está utilizando el nombre, subrayó.
Creo que, desde nuestra perspectiva como católicos, cuando hablamos de Israel en general, es el término que utilizamos para referirnos a un pueblo: a los hijos de Abraham, Isaac y Jacob, a quienes Dios ha llamado a vivir en amistad con Él, afirmó el padre McDougall.
No obstante, añadió: En lo que respecta al surgimiento del sionismo moderno, se trata de una cuestión compleja, ya que los historiadores pueden rastrear los orígenes del sionismo moderno hasta varios siglos atrás.
El surgimiento del sionismo en el siglo XIX debe situarse en el contexto más amplio de las tendencias clave que tenían lugar en Europa", específicamente "la Ilustración y la emancipación en Europa occidental y central, y la centralización estatal y el absolutismo ilustrado en Europa del Este", señaló Liora Halperin, historiadora especializada en Israel y Palestina de la Universidad de Washington, en un artículo de enero de 2015 para el centro de estudios del Instituto de Investigación de Política Exterior (Foreign Policy Research Institute, FPRI). "Ambos fenómenos conducirían a algunos judíos hacia el sionismo, aunque no siempre por las mismas razones".
El padre McDougall afirmó que, "desde una perspectiva más práctica para nosotros hoy en día, 'sionismo' es el término que utilizamos para referirnos, en particular, al movimiento político nacionalista que surgió en el siglo XIX paralelamente a otros movimientos nacionalistas".
"Fue la época de la unificación alemana y de la unificación italiana. Existía una agitación en favor del resurgimiento de un Estado polaco, después de que Polonia hubiera sido repartida entre Prusia, Austria y Rusia", explicó el padre McDougall. "La conciencia nacional era parte del aire que respiraba la gente a finales del siglo XIX, y una creciente conciencia nacional judía formaba parte de ese ambiente".
Esa misma conciencia se extendió también a lo que se convertirían en naciones de mayoría árabe en Medio Oriente, tras el reparto del antiguo Imperio otomano entre Gran Bretaña y Francia después de la Primera Guerra Mundial, y los movimientos independentistas que, posteriormente, expulsaron a las fuerzas coloniales.
Halperin señaló en su artículo para el FPRI que, junto con el surgimiento más amplio del nacionalismo en Europa, siglos de persecución antisemita --marcados por expulsiones y pogromos-- constituyeron también un factor determinante en el desarrollo del sionismo.
Tras la Shoah, o el Holocausto --el asesinato sistemático de 6 millones de judíos perpetrado por el ré