Un poco de levadura puede hacer grandes cosas, dice el Papa a los católicos de Turquía
ESTAMBUL (CNS) -- En su encuentro con los líderes de las pequeñas y variadas comunidades católicas de Turquía, el Papa León XIV les pidió que aceptaran su pequeñez mientras se esfuerzan por ser levadura del amor de Dios en la sociedad turca.
Tras reunirse con los obispos, sacerdotes, religiosos, diáconos y agentes pastorales católicos del país en la catedral de rito latino del Espíritu Santo y visitar a las Hermanitas de los Pobres y a los residentes de su hogar para ancianos el 28 de noviembre, el Santo Padre les aseguró que el número importa mucho menos que un testimonio claro.
Según las estadísticas del Vaticano distribuidas para el viaje del Papa, Turquía cuenta con unos 33.000 católicos, menos del 1% de la población. Pertenecen a las Iglesias católicas latina, caldea, armenia y siria.
En una reunión en la catedral, el Papa León destacó el papel central que desempeñó Turquía en la comunidad cristiana primitiva, al acoger a los apóstoles San Juan, San Felipe y San Pablo y a una floreciente comunidad cristiana, además de ser la sede de los ocho primeros concilios de la Iglesia.
La historia que nos antecede no es simplemente para recordar y después archivar en un pasado glorioso, mientras observamos resignados cómo la Iglesia católica se ha reducido numéricamente, afirmó el Papa.
En cambio, dijo, los católicos deben mirar la situación a través de los ojos de Dios y entonces descubrirán que Él ha escogido el camino de la pequeñez para descender en medio de nosotros.
Mientras los católicos se preparaban para celebrar el Adviento, se estarían dando cuenta de que en las lecturas de la Biblia los profetas anunciaron la promesa de Dios acerca de un pequeño germen que brotará, dijo el Papa.
Y Jesús elogia a los pequeños que confían en Él, dijo el Papa. Afirmando que el Reino de Dios no se impone llamando la atención, sino que se desarrolla como la más pequeña de todas las semillas plantadas en la tierra.
El Papa León insistió: Esta lógica de la pequeñez es la verdadera fuerza de la Iglesia. En efecto, esta fuerza no reside ni en sus recursos ni en sus estructuras, ni los frutos de su misión derivan del consenso numérico, de la potencia económica o de la relevancia social.
Aunque la Iglesia en Turquía es pequeña, dijo, permanece fecunda como semilla y levadura del Reino.
De hecho, los sacerdotes locales han informado de un creciente interés por el cristianismo entre los jóvenes de Turquía, una próspera comunidad de estudiantes y trabajadores católicos extranjeros, especialmente de África y Filipinas, y una labor especial de ayuda a los migrantes y refugiados.
Según la agencia de la ONU para los refugiados, Turquía acoge a unos 3,2 millones de refugiados sirios registrados, junto con cerca de 222.000 personas de otras nacionalidades, lo que la convierte en uno de los países que más refugiados acoge en todo el mundo.
El Papa León dijo a los líderes católicos que sus comunidades tienen cuatro tareas importantes: el diálogo ecuménico e interreligioso, la transmisión de la fe a la población local, y el servicio pastoral a los migrantes y refugiados.
El Papa pidió a los líderes cultivar una actitud espiritual de esperanza confiada, fundada en la fe y en la unión con Dios.
Pero también les pidió que fueran muy claros acerca de su fe en Jesucristo como verdaderamente humano y verdaderamente divino.
Con demasiada frecuencia hoy en día, dijo el Papa, Se ve a Jesús con admiración humana, incluso aún con espíritu religioso, pero sin considerarlo realmente como el Dios vivo y verdadero presente entre nosotros. Su ser Dios, Señor de la historia, viene de esta manera oscurecido y nos limitamos a considerarlo un personaje histórico, un maestro sabio, un profeta que ha luchado por la justicia, pero nada más.
Pero el Concilio de Nicea, celebrado hace 1.700 años, cuyo aniversario el Papa viajó a Turquía para celebrar, nos lo recuerda: Cristo Jesús no es un personaje del pasado, es el Hijo de Dios presente entre nosotros que guía la historia hacia el futuro que Dios nos ha prometido.
En la residencia de ancianos, el Papa León dijo a las religiosas que han sido llamadas no solo para asistir o ayudar a los pobres, sino también para ser verdaderamente sus hermanas.
Como Jesús, a quien el Padre envió no sólo para ayudarnos y servirnos, sino para ser nuestro hermano, dijo. Este es el secreto de la caridad cristiana: antes que ser para los demás, se trata de estar con los demás, en un compartir basado en la fraternidad.



















