Cuando el dolor toca la puerta, un ministerio lleva consuelo y esperanza a las familias hispanas de Detroit

DETROIT (OSV News) -- Cuando una familia pierde a un ser querido, el dolor, la incertidumbre y las preguntas difíciles ocupan el lugar que antes llenaba la presencia de quien ya no está. En esos momentos de profunda vulnerabilidad, un pequeño grupo de servidores de la Basílica de Santa Ana de Detroit llega a los hogares con una misión sencilla pero poderosa: rezar, acompañar y recordar que la esperanza cristiana sigue viva incluso en medio del duelo.

Desde mayo de 2020, el Ministerio San José de Arimatea ha acompañado a decenas de familias de Detroit y sus alrededores durante los días posteriores a la muerte de un familiar. A través de novenarios, visitas a funerarias y momentos de oración, sus integrantes buscan ofrecer consuelo espiritual a quienes atraviesan una de las experiencias más dolorosas de la vida.

El ministerio nació en plena pandemia, cuando la muerte se volvió una realidad cotidiana para muchas familias.

Antes de formar parte de San José de Arimatea, Lupe Martínez participaba en otro ministerio dedicado a realizar rosarios por los difuntos. Cuando dejó ese servicio a finales de 2019, muchas personas continuaron buscándola para pedirle acompañamiento.

La necesidad era evidente. Con el apoyo y la bendición del párroco de la Basílica de Santa Ana, monseñor Charles Kosanke, nació formalmente el Ministerio San José de Arimatea.

El nombre no fue elegido al azar. José de Arimatea es recordado en los Evangelios por haber pedido el cuerpo de Jesús después de la crucifixión y por haberle dado una sepultura digna. Su ejemplo de compasión y cercanía en un momento de dolor inspira la misión que hoy realiza el ministerio.

El primer novenario bajo ese nombre se realizó a mediados de mayo de 2020. Aunque las restricciones sanitarias obligaban a tomar precauciones, los voluntarios comenzaron a visitar familias usando cubrebocas y respetando las medidas vigentes. También realizaron encuentros por Zoom para personas que se encontraban en Puerto Rico, México y otros lugares.

Meses después, en noviembre de ese mismo año, recibieron una bendición especial en la Basílica de Santa Ana que marcó oficialmente el inicio de su servicio. Desde entonces, no han dejado de responder a las llamadas de quienes necesitan apoyo.

"Tratamos de acompañar a las personas tanto durante los nueve días del rosario como en las funerarias, y también canalizarlas hacia otros ministerios de la Arquidiócesis de Detroit", explicó Lupe Martínez en entrevista con Detroit Catholic en español, el medio de noticias en español de la arquidiócesis. 

Actualmente el grupo cuenta con aproximadamente ocho integrantes, aunque no todos pueden participar activamente debido a sus responsabilidades familiares y laborales. Sin embargo, la demanda continúa creciendo. Hay ocasiones en que coinciden dos o tres novenarios al mismo tiempo y el equipo debe hacer un esfuerzo extraordinario para responder a cada solicitud.

El acompañamiento que ofrecen va mucho más allá de dirigir un rosario. Cada encuentro incluye lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, la proclamación del Evangelio, meditaciones y reflexiones sobre el sentido cristiano de la vida, la muerte y la esperanza en la resurrección.

"Muchas personas creen que el novenario es simplemente una tradición, pero nosotros tratamos de ayudarlas a comprender el significado profundo que tiene para sus seres queridos y para su propia fe", explicó Martínez.Durante los nueve días, los participantes recorren distintos temas que buscan iluminar el dolor desde la fe cristiana. Los primeros encuentros pueden resultar difíciles. El sufrimiento suele provocar resistencia y preguntas que no siempre tienen respuestas fáciles.

"Lo último que quiere escuchar una persona que acaba de perder a alguien es que Dios la ama", reconoció Martínez.

Sin embargo, con el paso de los días, algo comienza a cambiar. Los temas del novenario presentan progresivamente el mensaje de la salvación: la realidad del pecado, el sacrificio de Cristo, la resurrección, la conversión y la vida nueva que nace de la esperanza.

"Las familias ya no se quedan solamente con el dolor. Comprenden que hay algo más allá. Hay una promesa de esperanza", afirmó.

Esa esperanza fue precisamente la experiencia de Esmeralda, quien conoció al Ministerio San José de Arimatea después de la muerte repentina de una tía."No sabíamos qué hacer", recordó.

Durante el novenario, no solo encontró consuelo en medio del duelo, sino que comenzó un camino de acercamiento a Dios que transformó profundamente su vida.

"Yo antes del novenario era una persona muy diferente a la que soy hoy. Como si hubiese muerto y resucitado con un alma más limpia. Tengo más tranquilidad, más paz interior", compartió.

Con el tiempo, Martínez la invitó a participar en un retiro espiritual, una experiencia que la ayudó a conocer más a Dios y a la Iglesia.

"Yo creo que eso era el impulso o el empujón que necesitaba. Gracias a ese novenario mi vida cambió y les estoy muy agradecida", dijo.

A partir de entonces comenzó a leer la Biblia, a participar en retiros y a compartir su experiencia con otros jóvenes. Esa transformación es precisamente lo que motiva a los integrantes del ministerio a seguir adelante pese al cansancio y las exigencias que implica el servicio.

"Ver la paz con la que se queda la familia es algo que no tiene precio", dijo Martínez.

Para Irma Hernández, otra de las integrantes del grupo, el ministerio representa la continuidad de una experiencia que comenzó en su infancia. "Desde que tenía cinco años mi mamá nos mandaba a rezar de casa en casa porque había una Virgen peregrina. Ahora siento que hago lo mismo: voy de casa en casa rezando por las almas", comentó.

Hernández considera que Dios la fue preparando durante años para esta misión. Aunque reconoce que el servicio puede ser exigente, asegura que también es profundamente gratificante.

"Es un ministerio bien hermoso. Me llena mucho ver cómo las personas nos reciben. A veces al principio están cerradas por el dolor, pero poco a poco algo de la Palabra de Dios toca sus corazones", explicó.

Ambas coinciden en que acompañar el sufrimiento ajeno también ha transformado sus propias vidas.

Hernández perdió a su padre durante la pandemia, precisamente cuando el ministerio enfrentaba una demanda sin precedentes. Lejos de alejarla de su servicio, esa experiencia fortaleció su confianza en Dios.

"Yo sentía que Dios me había preparado para ese momento. Lo difícil fue soltar a mi papá, pero tenía la certeza de que Él estaba actuando", recordó.

Martínez también conoce de cerca el dolor de la pérdida. Su madre falleció cuando ella tenía apenas tres años y años después perdió a una hija a causa del cáncer. Por eso entiende profundamente el sufrimiento de las familias que acompaña.

"Yo me preguntaba qué hacía ahí, en medio de tanto dolor y tanta tristeza", recordó sobre sus primeros pasos en el ministerio.

Hubo un momento, sin embargo, que cambió su manera de entender esa misión. Mientras discernía si realmente estaba llamada a acompañar a familias en duelo, quedó impactada por un pasaje bíblico que afirma que "es mejor ir a una casa de duelo que a una casa de banquete" (Eclesiastés 7,2).

"Cuando escuché ese texto, cambió mi perspectiva de las cosas", dijo Martínez.

Comprendió entonces que acompañar a quienes sufren una pérdida no es simplemente un acto de solidaridad humana, sino una de las formas más concretas de vivir el Evangelio. "La pérdida de un ser querido puede quitarle a una persona la alegría de vivir. A veces lo único que necesitan es que alguien los acompañe, los abrace o les haga una llamada", dijo.

Esa cercanía desinteresada es una de las características que más valoran las familias. Los voluntarios nunca cobran por su servicio y rechazan cualquier compensación, incluso cuando las familias intentan agradecerles con dinero para la gasolina.

Incluso cuando una familia no puede adquirir los materiales necesarios para el novenario, los integrantes del ministerio llevan rosas artificiales y todo lo necesario para que la oración pueda realizarse dignamente.

Al concluir los nueve días, las familias son invitadas a participar en una Misa especial en la Basílica de Santa Ana, donde pueden reunirse nuevamente con quienes las acompañaron durante el proceso.

Mirando hacia el futuro, los integrantes sueñan con que cada parroquia cuente con un equipo similar. "Sería hermoso que hubiera un Ministerio San José de Arimatea en cada parroquia para que ninguna familia tuviera que atravesar sola estos momentos", expresó Martínez.

Mientras ese sueño toma forma, ellos continúan respondiendo llamadas, visitando hogares y llevando esperanza donde más se necesita.

Porque cuando el dolor parece demasiado grande para soportarlo en soledad, la simple presencia de alguien que reza y acompaña puede convertirse en un recordatorio silencioso de que Dios sigue caminando junto a quienes sufren.

- - - Milagros San Martín escribe para Detroit Catholic en español, el medio de noticias en español de la Arquidiócesis de Detroit. Este artículo fue publicado originalmente por Detroit Catholic y es distribuido a través de una colaboración con OSV News.- - -

BREVE: DETROIT (OSV News) -- En medio del dolor que deja la pérdida de un ser querido, el Ministerio San José de Arimatea de la Basílica de Santa Ana, en Detroit, acompaña a las familias con oración, novenarios y apoyo espiritual, recordándoles la esperanza cristiana. Fundado en mayo de 2020, durante la pandemia de COVID-19, el grupo nació tras la iniciativa de Lupe Martínez, quien, al dejar otro ministerio dedicado a rezar por los difuntos, continuó recibiendo solicitudes de acompañamiento. Con el respaldo del párroco, monseñor Charles Kosanke, el ministerio comenzó visitando hogares y, cuando fue necesario, organizando encuentros por Zoom para familias fuera de Michigan. Además de dirigir el rosario, los voluntarios proclaman el Evangelio y reflexionan sobre la fe y la resurrección. "Tratamos de acompañar a las personas tanto durante los nueve días del rosario como en las funerarias, y también canalizarlas hacia otros ministerios de la Arquidiócesis de Detroit", explicó Lupe Martínez en entrevista con Detroit Catholic en español, el medio de noticias en español de la arquidiócesis. Esmeralda, quien conoció el ministerio tras la muerte repentina de una tía, aseguró que la experiencia transformó su vida. "Yo creo que eso era el impulso o el empujón que necesitaba. Gracias a ese novenario mi vida cambió y les estoy muy agradecida", dijo. A partir de entonces comenzó a leer la Biblia, a participar en retiros y a compartir su experiencia con otros jóvenes. Esa transformación es precisamente lo que motiva a los integrantes del ministerio a seguir adelante pese al cansancio y las exigencias que implica el servicio. El ministerio, integrado por unos ocho voluntarios, ofrece gratuitamente este servicio y sueña con que cada parroquia cuente con un equipo similar para acompañar a las familias en duelo. "Ver la paz con la que se queda la familia es algo que no tiene precio", dijo Martínez.